Los partidos políticos, el dinero, la mafia al fin y al cabo, es lo que encontramos cada día cuando abrimos un periódico, cuando vemos las noticias o cuando caminamos por la calle. Enormes vallas publicitarias nos hablan de una vida mejor, de nuevas y grandes oportunidades, de ahorro, de compra, de castigos, de sufrimientos. Porque vivimos en una sociedad que con cada paso se está aproximando a un fin seguro, y lo peor es saber que eso va a suceder de un momento a otro.
Algo está a punto de pasar. Algo muy gordo. La solidaridad ya no existe, prima el egoísmo, no existe la lucha, sólo la venganza, no existe el dinero, sólo son números en un ordenador. Es la larga historia del consumir menos para vivir más, el endeudarse para ser más libre, el pasar menos tiempo solo para sentirte acompañado.
Hay cientos de millones de centrales nucleares listas para un fallo fatal, hay centenares de miles de millones de bombas listas para explotar, hay millones de fusiles en el aire y en el suelo de África y del resto del mundo, tenemos drogas para un gran banquete de adicción, tenemos televisión, prensa y periódicos para decirnos lo que queremos oír en vez de lo que debemos de saber, tenemos millones y millones de motivos para pensar que esto es una baraja de naipes formando un castillo a punto de derrumbarse. Esto que está sucediendo no ocurre cada día, porque no hablamos de un conflicto o combate aislado, de una población que sufre mientras otra vence, no estamos hablando de historia o victorias, es que ha llegado un punto en el que sólo se puede esperar muerte y destrucción.
Por primera vez en la historia el hombre tiene la fuerza suficiente como para destruir la vida humana tal y como la conocemos, tenemos fuerza para dinamitar la tierra y para matar a todos los que la habitan, hay tanto odio dispuesto que cada día me despierto y descubro sorprendido cómo es posible que hayamos vivido un día más.
El egoísmo, la avaricia, la necesidad del sexo sobre todas las cosas, las mentiras, la hipocresía, las falsas fantasías alimentadas por los demás y no por nosotros. Querer ser más o mejor que el de al lado y no querer ser más humilde o gentil. Necesitamos este odio, necesitamos pensar que tenemos que vivir con odio para sobrevivir porque el día en que nos libremos de la avaricia y la hipocresía seremos víctimas del sistema que nosotros mismos hemos creado. Somos esclavos del porvenir, somos víctimas de nuestra propia inquisición, somos víctimas de los demás y ellos a su vez son víctimas de si mismos. Y si todos somos víctimas a su vez unos de otros en un mar de muertos vivientes, ¿quién es el asesino de mi cerebro? Si respondo a esa pregunta quizás pueda poner cara al culpable de este caos, aunque me da la sensación de que de aquí a que le encontremos va a ser demasiado tarde. No hay que empezar por ahí bajo ningún concepto o nos perderemos en un mar de papeles y discursos donde al final nos terminaremos ahogando. Primero se tú, sólo tú, y luego abre los libros, escucha las canciones y mira las películas. Pero míralas de verdad, sin esa fachada cobarde del que está rodeado de miradas de mafiosos que desean destriparte si abres la boca.
El hombre es culpable de su ambición, es culpable de su falta de tacto o mejor dicho, es culpable de tener demasiado tacto para tratar temas que no se deberían tratar. Escribe sin pensar en las consecuencias, lee sin pensar en qué está leyendo, monta a caballo sin saber a dónde va y mata al caballo después porque necesita su carne para comer. Este mundo que hemos creado carece de sentido, y cada vez que pienso en él menos sentido tiene para mí.
Mentiras, verdades, no importa porque hasta las verdades son mentiras si todo está podrido, eso es lo que pensamos, lo que queremos leer en los periódicos. Si la realidad existe y es una, ¿por qué tenemos la posibilidad de elegir el mundo en el que queremos vivir? Sólo hay un mundo, el nuestro, y es lo que nosotros hacemos de él. No se trata de vivir ignorando el mundo y construir fantasías en tu cerebro, se trata de crear un mundo nuevo de verdad, materialmente.
Sin embargo qué o quién soy yo para decir esto hoy en día. Tantas revoluciones vendidas a la avaricia, tantos muertos a merced de los héroes, tantos héroes muertos a merced de los que nos gobiernan, tanta víctima y tanto homenaje a los asesinos. La política, la sociedad, no son cosas en las que creer hoy en día para el hombre que se respeta a sí mismo. Si te respetas es porque quieres que la gente te respete, y si quieres que la gente te respete todo pasa por ser uno de ellos, o peor, un ejemplo del mundo en que vives para la mayoría auto-esclavizada.
En este mundo siento que sólo algo puede ser salvado. La libertad. Pero no la libertad a la venta, o la libertad impuesta por todos. La libertad del que sale sin peinarse a la calle sin haberse gastado 500 euros en un bote de crema para parecer despeinado, la libertad del que habla cuando se le antoja, la libertad del que actúa antes de pensar. Porque cuando piensas, o cuando te dejas llevar por gente equivocada (todos), dejas de ser tú y pasas a ser lo que los demás quieren que seas. Cuando quieras hablar no escuches, cuando quieras escuchar no hables, se tú mismo por encima de todo. No eres algo para los demás, eres algo para ti mismo.
Por eso el amor merece la pena. Porque el amor, cuando es de verdad, cada uno lo vive, cada uno lo siente dentro de su piel y no hacia fuera. No seas un esclavo, el dormido debe despertar.
Se tú mismo… y salvarás el mundo.