02/06/11

La hipocresía de multar al cliente de una prostituta

Todos los partidos del Ayuntamiento de Sevilla (PSOE, PP e IU) aprobaron por unanimidad en enero de 2011 una ordenanza para multar al cliente de una prostituta. Empezará a aplicarse a partir de septiembre de 2011. Las multas que se impondrán irán de los 750 a los 3.000 euros. Esto va incluido en un plan titulado Plan de Acción Integral para Promover la Erradicación de la Trata, la Prostitución y otras formas de Explotación sexual y tiene como objetivo erradicar la prostitución, cosa que, según el Alcalde, “no se hará de un día para otro”.

Las multas son superiores al salario mínimo interprofesional en España, que ronda los 640 euros, siendo el salario estándar de un trabajador próximo a los 1.000 euros. Esto quiere decir que si un trabajador recibe una multa por pagar a una prostituta no va a tener dinero para pagarla si quiere comer ese mes. ¿Es esto democrático? ¿Dónde está el principio de humanidad?.

La prostitución siempre ha existido y existirá, quieran o no quieran los putos políticos y los hipócritas de turno. En las antiguas civilizaciones de Sumeria, Babilonia, Corinto, Canaán y Chipre esta práctica se revestía a veces un halo sagrado. La antigua diosa Astarté, adorada en España en los asentamientos fenicios de hace 3.000 años, era también la diosa protectora de las prostitutas.

La prostitución es sexo consensuado y, por ende, debe ampararse por el derecho a la libertad recogido en la Constitución de 1978. El Poder no puede convertir cosas que considera poco éticas o inmorales en ilegales a costa de menoscabar la libertad, ya que los valores de una sociedad cambian con el tiempo y no es justo condenar a alguien hoy por algo que mañana será socialmente aceptable. Eso sólo lleva a juicios selectivos, incomprensión de un colectivo, resistencia a la ley, etcétera.

Asociar la prostitución a comportamientos deplorables de la clase trabajadora, la cual perpetúa sus propias lacras, es un error. Las élites también pagan por servicios sexuales. Esto hace evidente que una ley que multe al cliente de una prostituta será una ley que se aplique sólo a las clases medias y bajas, que son las que no pueden ocultar ese comportamiento con la misma efectividad que un empresario o un político.

Una ley que multa al cliente no reduce el consumo de modo significativo, ya que un hombre tiene un impulso sexual cada 20 minutos y eso forma parte de la faceta límbica y biológica del ser humano, sobre la que no tiene sentido legislar. Ese impulso sexual irrefrenable de los hombres puede contenerse mediante pornografía, que no es más que prostitución filmada en vídeo o fotografiada, ya que el cerebro humano puede empatizar mentalmente con la literatura, el vídeo y las fotos con cierta facilidad.

El porno es por y para todo el mundo desde su creación. Alfonso XIII era aficionado al cine porno y Amadeo I era aficionado a las novelas pornográficas, como muchos otros en la élite, por lo que reducir el porno a un subproducto para sujetos insociales es ridículo. La existencia del porno no es un problema o una lacra, es una faceta más de la sociedad que, nos guste o no, está ahí.

La Ley Seca americana dejó claro en los años 20 del siglo XX que prohibir el alcohol sólo agravaba el problema. Se crearon mafias que extorsionaban a los comerciantes para venderles bebidas de peor calidad a precios muy altos, amén de la violencia que esta actividad criminal generaba. Con la prostitución ocurre lo mismo, ya que es mantener ilegal algo que la gente demanda y, por ende, se favorece la creación de organizaciones criminales que, en otro orden de cosas, no serían más que empresas que pagarían sus impuestos.

De hecho, salir de la crisis económica y financiera y disminuir la deuda del Estado sería más fácil con la legalización de la prostitución. Las prostitutas gozarían de protección social, derechos laborales y más comodidades en su trabajo y, al tiempo, el Estado ingresaría fondos en sus arcas derivados de este negocio.

Reitero algo que ya he dicho. El cliente de una prostituta no es un degenerado horrible que explota sexualmente a una mujer y ejerce su patriarcado. Al contrario. El cliente de una prostituta puede ser cualquier persona, desde un cantante millonario y pacifista a un parado de 60 años. Que existan individuos “asquerosos” como clientes no implica que todos los clientes sean asquerosos y compete a la prostituta ser selectiva o no con las personas con las que trabaja.

Evidentemente, una prostituta extorsionada por una mafia nunca va a ser selectiva con sus clientes. La solución es legalizar la prostitución, que las mafias sean sustituidas por empresas y las prostitutas trabajadoras con unos contratos especiales que les permitan esa autonomía y, al tiempo, les otorguen su merecido porcentaje de lo que obtengan.

Que la prostitución sea ilegal beneficia a determinadas personas del stablishment, como los banqueros. La prostitución genera 18.000 millones de euros al año en España. Este dineral es “dinero negro” que va a parar a paraísos fiscales o a bancos nacionales y grandes empresas que se encargan de lavarlo mediante suculentos negocios inmobiliarios o de otro tipo. Existe una auténtica industria del dinero negro que, de ver una legalización en ciernes, se iría a hacer puñetas.